viernes 2 de diciembre de 2011

El mar me sulfata las arterias. Mi cerebro se amodorra entre los papeles de escritorio. Podría salir flotando de este ecosistema, enredarme la cabeza en lana, dormir todo el día hasta mañana. Miro las baldosa y recuesto mis pies en su peso. A veces las preguntas son pequeñas luciernagas que se me encienden tibias en la mente, iluminan un poco los espacios cerrados, herméticos... replantearse y cuestionarse todo hasta darlo vuelta, revolcarlo por los puntos de vista mas disimiles... y resultar en un simple dilema: “¿Qué es lo que realmente quiero para mi vida?”... agarrar tus pensamientos, envolverlos en una sábana e irte bajo la lluvia silbando bajito...

miércoles 16 de noviembre de 2011

Mi naturaleza vertiginosa

Quise destapar sus huesos para reírme, quise destaparlo para verlo muerto. Quise destaparlo y lo encontré vivo entre los gusanos. Lo encontré sonriente entre los gusanos. Lo encontré… en realidad nunca quise encontrarlo. El morbo precoz de chocar, inconciente malestar de repetir los acordes, en orden invertido pero repetirlos. Esperar el golpe como se espera un tsunami, esperar el golpe como se desentierra una mentira bañada en hilos de cobre. El error 404 constante de no encontrar el vínculo exacto, el híbrido calculado, siempre el menosprecio propio, la cicatriz latente que late, ahí, en lo tan oscuro y profundo. Pensar que te miré desde arriba y eras un charco. Solo un charco. El charco mas hermoso de todos los charcos. Quise asomarme, quise verte, quise reencontar en tu agua sucia la pureza nocturna de las palabras rechazadas. Pensar que eras un charco. Un océano disfrazado de charco, tan pequeña tu oscuridad desde lo lejos, y en el fondo un túnel subterráneo lleno de recuerdos. En el fondo, lo mas hondo de mi, mis mas oscuros sentimientos, los días mas equivocados de mi vida. En el fondo se oculta tu sombra latente, tu sombra dañina, tu toxicidad espectral. En el fondo, solo una mancha, una gotera de aceite hirviendo, que me agujereó parte de mi misma, capricho innecesario, capricho al fin. En el fondo… en el fondo me hundo, me hundís, me sacudís, me arrancas una y otra y otra vez mi capacidad de sentir… de sentir este hambre y este odio, esta brutalidad atroz de no poder sanar, esta hermética, molesta, dolorosa llama que me consume lento, me incita a huir, lejos, como si no pudieras atraparme… y al final siempre lo logras. Al final, siempre, me alcanzas.
Mi naturaleza… mi naturaleza no es mas que la mecánica irreproducible de un zumbido. Mi naturaleza… mis ganas de querer escupirte, de haberte soñado tantas veces, de haberte introducido en mi, haberte dejado entrar… Mi naturaleza baila un vals con los fantasmas… El pasado siempre encuentra lo que vino a buscar, siempre, siempre. Siembra rastros con agujas de reloj, los tatúa en la pared interior de este asqueroso corazón, los marca, marca todo, los segundos, las horas, las ganas de vomitar, de vomitarte fuera de mi, de exorcizarme, de exorcizarme para poder dejar el miedo, el odio a mi persona, el desprecio, el pánico, esa horrible sensación de ahogo… ese malestar que me generaron tus ojos. Aprendí a los golpes, y al parecer es la única manera de hacerme entender algo. La presión dentro mío, no puedo medirla, no puedo hacer un cálculo… no puedo hilar una frase coherente… soy la incoherencia conscripta en un cuerpo, atados tus fantasmas a mis pies, me tiran todo el tiempo al suelo. Me arrastran. Me desarman… soy el caos total de mi propio universo… soy la estrella muerta que se come a las otras estrellas… soy la incapacidad de verme, de sentirme un ser completo, un ser único… soy la sistematización de la violencia… de tu violencia. De mi violencia.

Patio

Cuanta mentira embotellada en un espacio tan pequeño. Si quisieras respirar la verdad tendrías que sacar al menos medio cuerpo fuera para poder realmente sentirla. El opio de los débiles, la coyuntura histórica mas apreciada por el mundo entero. El boicot ajeno y propio, el cielo encerrándonos debajo de sus piernas. Me ahoga, no lo sentís? El olor del verano, las luciérnagas. Me liberan y me ahogan. El hecho de pensar en volver me encierra de nuevo en mi frasco, me trauma en tu literatura, el sulfato de tus manos, el estallido sordo de tu lengua, el roce mental de la espera. Me carcome. Es tragar tierra un poco cada día, hasta sentirte un mundo, sentirte tu propio ecosistema, y ahí ya no te importa lo seca que tenés la garganta y que los gusanos se hagan festines en tus entrañas. El verano me renace dentro del pecho como una bola de fuego esperando reventar frente tuyo. Las palabras siempre fueron tiranas, siempre fueron poca cosa comparadas con las inmediaciones de todos nuestros mundos. Si tu mundo es otro, entonces debes ser un alienígena y me veré obligado y engatusado en matarte. Y qué si el alienígena soy yo? Debo escapar de las manos de cientos que se creen humanos. Que mentirosos. Puedo esperar en esta reposera debajo del sol en el patio de mi abuela, con el olor a hierbabuena y ruda en mi nariz, con las plantas creciendo alrededor de mis manos. Soy parte de este mundo, no lo ves? Soy parte aunque no lo aparente. Soy el mundo cerrado dentro de otro mundo, dentro de una botella con tierra germinando porotos. Ese lacito de amor creciendo en la maseta al lado de la ventana. El gato lamiéndole las patas en la medianera, el maíz creciendo dorado a pasos del tapial, a pasos del molino enorme que amenaza con caerse y no lo hace. Mi mundo es un sin fin de olores donde viven los recuerdos. Un mate cocido con budín, mi padre leyendo el diario, la perra que enterraron en el maizal y mi prima sin querer la desenterró y se puso a llorar. Extenderse en tiempos hasta darte cuenta que el tiempo ya no es el mismo, el tiempo pasa de otra manera, el pasado pasa de otra manera. El olor a pueblo, al camión que riega las calles de tierra, el polvo que se levanta como si el sol quisiera utilizarlo para la lluvia. La mezcla quimérica de las risas en la huerta con frutillas. Ese lugar que sigue ahí pero nunca será lo que fue. El discman con los Stripes sonando, una concepción diferente de quien soy. Y la muerte siempre un paso mas adelante que nosotros.

Whiskey

Sin preámbulos, la noche se sació en el vaso de whiskey en sus manos. Su mirada aletargada, contemplando al mundo con delay, dió fin de un sorbo a la locura de los transeúntes en su mente. “La angustia es el animal mas difícil de matar.” Se dijo esas palabras, sin quitar la vista de si mismo. Sucumbió a su neutralidad, a su incapacidad de creerse un ser capaz de una vez por todas. “Este fue el fin”, se repitió, intranquilo dentro de su serenidad. Los suspiros habían muerto temprano aquella tarde, se retiró despacio del cuarto, dejando su mente retozar sobre su propio cuello. El cuento de estar solo, de nuevo, de vivir intentando no intentar. Si el fuego te quema, ¿lo sentís? Es como tener la llama viva entre los dedos y no dejar de acariciarla hasta que inflinga un dolor verdadero, algo que jamás serás capaz de sentir de nuevo. Él es otro esa noche. Él es el que se ve dentro de ese vaso con hielo, el que apesta a cigarrillo y se sienta en la tabla del bar a contemplarse. Se desahució en disociaciones hace algún tiempo, nunca se sintió mas real que en este preciso momento. Cuando el peso de lo que se es empieza a ser un peso en serio. El contemplar el próximo paso como una odisea imperiosa para poder bajar esa escalera y volver de vuelta a su cucha. Los sentidos se intensifican, el susurro de esa boca en su cuello, la piel erizada y silenciosa. El juego intermitente, como un rayo. Las palabras mas cortas y simples de tu vida. Mirar atrás pensando “Qué estuve haciendo hasta ahora?”. Mirar atrás pensando que todo sería diferente, sabiendo que realmente no lo sería. El momento exacto en que siente todas las conjunciones de su vida, todo confluyendo a este tiempo, este espacio, este nulo recuerdo. Todo confluye al tercer vaso de vacío, al tercer golpe contra la puerta, al último estadío de la memoria para recuperar la conciencia. Confluyendo en ese cuerpo, ese miedo, esas imperiosas ganas de hacer lo correcto, sin saber que lo correcto no suele ser lo acertado, lo deseado, lo arduamente buscado. “¿Qué te parece a vos que es lo correcto?” Susurró burbujeantemente, y la mujer que estaba a su lado se cambió de asiento. “Hacer lo correcto es serte sincero, negarme a mentirte, a estudiarte, a crear la estrategia acertada para alejarte. Para no hacerte volver nunca mas a mi, a este cuerpo, a este sentido del espacio tan precario, a la absoluta intranquilidad de mi cama. Hacer lo correcto es mirarte una vez, mirarte dos y al tercer vistazo levantar una pierna, apoyar en ella mi cuerpo y salir de este agujero con los hombros gachos y los ojos llenos de vos.”

Gaviotas

Los planes se te escapan de las manos, como gaviotas con hambre. Los barcos pesqueros llegan, se llevan nuestras gaviotas, el rumor del mar nos asusta, nos duerme, nos oscila... el pronóstico para el próximo día, espera, latente, un comentario absurdo. Los planes se escapan de nuestras manos, se elevan, se estrellan, se desarman... son sueños que se desvanecen con el alba... y mi pregunta intensa en los labios: “¿Para qué pronosticar tanto si mañana, quizás, ya no estemos ninguno de los dos acá?”.